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La felicidad implica también aceptar las zonas oscuras

En general no queremos aceptar que la vida incluye todo:

lo que deseamos vivir y lo que no deseamos para nada.

En este sentido, y en muchos otros para qué negarlo, tenemos un problema…

porque hemos llegado a estar tan a merced de la mente, que pensamos que podemos tener bajo control todos los niveles de la realidad.

 

Pienso que la mejor manera de garantizarnos grandes dolores y frustraciones, es emborracharnos de la arrogancia del control.

La verdad es que parece ser que no controlamos nada de nada.

Solamente estamos destinados a presenciar y crear… y cualquier otra aspiración nos aleja más o menos dulcemente de nuestro objetivo primordial.

En la vida por cada momento acorde a nuestras fantasías de perfección, hay un momento exactamente opuesto.

Esto no es un castigo ni el precio por los buenos momentos.

Forma parte del movimiento compensatorio de la energía, que es inexorable.

Entonces cuando vives un momento de euforia tienes garantizado lo contrario en más o menos breve tiempo.

Lo curioso es que por esa arrogancia del control, intentamos no ver lo que no nos apetece.

Intentamos postergarlo, negarlo, nos alejamos para intentar no participar.

Nos alejamos e intentamos no ver lo que nos nos apetece…

Lo transformamos en nuestra mente en algo diferente de lo que es.

A los seres humanos nos encanta creer que controlamos la realidad.

Y cuando nos vienen a decir que “nosotros creamos la realidad”, nos encanta creer que tenemos algún tipo de poder oculto, trascendental, diferenciador, espectacular

Pero “nosotros creamos la realidad” no va de eso.

Mira…

Creamos nuestra realidad con nuestros actos (visibles o invisibles).

También cuentan como actos nuestros pensamientos más inconfesables… porque todo aquello en lo que participamos tiene consecuencias.

Y allí es a donde queremos llegar con la propuesta de este primer artículo del Blog del Liceo.

Voy a ponerte un ejemplo.
Imagina frente a ti a tu padre con muchos años.

Quizás tu padre tiene ya muchos años o quizás tengas que moverte hacia adelante en el tiempo.

 

Da igual.

En cualquier caso los padres suelen ser mayores.

Ahora imagina o evoca que en ciertas circunstancias le reprendes por ser más lento de lo que esperas en hacer alguna cosa, o en reaccionar a alguna otra… (tal vez al conducir, o al caminar).

Quizás ya ha ocurrido.

Tu padre lo encaja con paciencia y con cierta melancolía.

Esta es una zona oscura que no quieres ver.

No quieres ver que envejece, que se acerca a la muerte, que su cuerpo y su mente están cansados.

No se lo quieres consentir.

Entonces ahora te voy pedir que evoques a ese padre joven, creativo, fuerte, lúcido, atractivo que un día tuviste… ¿lo recuerdas?

¿recuerdas su fuerza y su disponibilidad para la vida?

¿recuerdas su voz y la fuerza en su mirada?

A los seres humanos nos encanta creer que controlamos la realidad.

Aquel padre y este son el mismo, y éste es el momento de aceptar todas sus etapas: las de la fuerza… y las de su creciente vulnerabilidad.

Ahora voy a pedirte que te imagines a ti de mayor.

 Imagina que eres ya mayor y ahora evocas a tu padre, que ya se habrá ido.

Piensa en como se siente cuando su hijo le pide que se apresure  cuando ya no sabe/no puede ir tan rápido.

Escucha como le dices  

– “Mamá… pareces tonta. Muévete que nos dan la uvas!”

 

 Deja que te llegue lo que sientes.

Quédate un momento más allí.

Y a continuación, ahora imagina que recuerdas a tu padre, y a ti haciendo lo mismo con él sin querer ver que ya no puede ir tan rápido.

Quizás te gustaría volver y ser paciente, amorosa, cálida, comprensiva con él… en lugar de negar que ha envejecido

¿Recuerdas su fuerza y su disponibilidad para la vida?

 

En lugar de negar que es su derecho envejecer y estar más cerca de la muerte.

Este es el momento en que puedes darte cuenta de que sí:

Tú creas la realidad.

Y si aceptaste los buenos tiempos… es arrogante no aceptar los tiempos del cambio y de la despedida.

De hecho, aceptarlos hará de ti una persona más justa, más feliz y más plena.

 

Porque lo serás, créeme, cuando recuerdes que aquel día le dijiste con una sonrisa:

 – “No te preocupes, papá. Tómate tu tiempo. Y si tienen que esperar… que esperen”.

 

Espero que sirva.

Que tengas un feliz presente!

 

Pilar Rodríguez-Castillos

 

 PD: ¿Eres, más importante, más trascendente, más inteligente, más interesante que tus padres?  Si alguna vez has sentido esto.. has de saber que esto es un desorden grave que traerá consecuencias para ti. Harías bien en considerar saber más sobre las Constelaciones Familiares y Sistémicas.