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Sobre el insoportable poder de la Pertenencia

Más allá de la Vida y de la No-Vida hay algo que nos mueve, que nos condiciona, que nos arraiga, y a lo que desde un nivel inconsciente le damos una absoluta prioridad: la Pertenencia.

Es la ley primera y la que lo condiciona todo.

Es la más importante. 

Necesitamos pertenecer, y cuando nos sentimos excluídos el dolor comienza a depositarse en nuestra alma y invadirlo todo.

Sabemos que el gran castigo, el más insoportable, el más cruel para el alma humana, es ser condenado al ostracismo. Cuando alguien nos mira con desprecio y nos retira la pertenencia, por un momento lo haríamos todo, incluso falsear la realidad y culpar a otros, incluso morir o matar… con tal de no ser separados de lo que consideramos nuestro lugar de pertenencia.

La Pertenencia es, de las tres grandes leyes sistémicas, la más importante y la primera.

Todos tenemos derecho a pertenecer.

Nadie puede ser excluído y nadie tiene derecho a excluir.

Y cuando alguien es excluido o hace un movimiento para excluir, el sistema familiar ser revuelve de tal manera que todos sus miembros sienten el dolor de alguna manera.

E inconscientemente todos quieren reincluir al excluído, para dejar de sufrir.

Pero…

  

✓ ¿basta con ser amable y aceptar a todo el mundo en el salón de casa? 

¿es suficiente tomar una cerveza con el compañero que nos gustaría ver desaparecer?

¿es suficiente sonreir en el rellano al vecino ruidoso al que nos gustaría gritar algunos improperios?

¿alcanzará con justificar aquel aborto, o con culpar al ex del fracaso de nuestro matrimonio por nuestra buena conciencia?

¿alcanzará con así justificar el mantenerle lejos de nuestra vida y razonablemente excluído de la vida de nuestros hijos?

Todos pertenecen.

Supongo que ya te habrás dado cuenta de que ni por un momento es suficiente.

En realidad todo ese paripé no hace más que agravarlo todo, y crear más dolor y más desorden.

En muchas ocasiones en el curso de una Constelación podemos observar como el representante de alguien que estaba provocando dolor en un descendiente por su indiferencia o por su falta de afectividad, está mirando fijamente a un excluído.

No puede ver nada más: el resto de la realidad se desdibuja para él.

El representante no sabe quien es, pero siente en su alma que nada es tan importante como mirarle, acogerle, cuidarle.

Está abstraído y conmovido.

Y no tiene fuerza para mirar nada más.

Cuando el descendiente, que es quien ha pedido la constelación, consigue ver lo que está pasando.

 consigue reincluir al ancestro que faltaba, el ancestro abstraído se libera y ya puede ver a la hija o al hijo,

o al nieto al que no podía mirar.

Estas escenas se ven con frecuencia porque una enorme cantidad del dolor que sufrimos, tiene relación con

esta búsqueda desesperada de reincorporar al que falta

Entonces, no.

No.

No basta la sonrisa social o el respeto declarado.

Es una cuestión de resonancia.

Creo que sabes a qué me refiero.

Estas reglas sociales de mantener la cohesión en la familia a costa de todo, tienen un trasfondo sistémico, pero en el camino han perdido el fondo y se han quedado en la forma. 

Te pongo un ejemplo.

Imagina que tienes una cuñada que desde el principio no te ha gustado demasiado, pero a la que tratas educadamente para no tener problemas con tu marido.

Desde luego esto es socialmente muy correcto….

Ahora, internamente te gustaría que desapareciera porque es de una manera que a ti no te gusta para nada.

De hecho tu verdadero sentimiento es que te gustaría que desapareciera de tu vida y de la de tu familia.

Bien.

A nivel sistémico este sentimiento oculto es igual que el deseo de muerte.

“Ojala desaparezcas” no tiene grandes diferencias con “Ojalá murieras’.

De hecho es la forma más efectiva de hacer “desaparecer” a una persona.

Y c como sabes de vez en cuando alguien lo ha hecho.

Es importante que comprendas que lo sistémico no tiene nada que ver con las creencias morales, entonces esto que te explico es algo que estamos mirando sólo a través de una mirada sistémica.

Estamos mirando el movimiento y el comportamiento de la energía de los sistemas. 

La moral aquí no nos interesa en absoluto. 

Vamos ahora a seguir con el ejemplo de tu cuñada.

Ahora vamos a ponernos en su lugar.

Imagina que eres ella y que recibes esa sonrisa que esconde un puñal envenenado.

Sólo necesita ser una mujer humana y nada más para sentir la disonancia entre tu sonrisa y tus sentimientos.

No le hace falta ser especialmente sensitiva: las personas nos movemos continuamente por resonancia.

El mensaje le llega: “ojalá mueras”, y tu sonrisa y tus palabras agradables lo hacen confuso e irritante.

Va a pensar “creo que ella no es sincera”, y en el peor de los casos va a sentir

-“Este es mi sitio. Mejor que mueras tú”

…y comenzarán a surgir los problemas.

Porque ella querrá justamente reafirmar su derecho a la pertenencia, y se iniciará una lucha angustiosa, que puede durar varios años hasta que una de las dos realmente desaparezca.

Luego, cuando alguna de las dos muera, si este conflicto no se ha resuelto, un descendiente recogerá el testigo y querrá, por amor a una de las dos o a las dos, repararlo.

 

Y mientras esto continúa más allá de la muerte, ese descendiente, que puede ser por ejemplo tu hija, no podrá mirar nada más que el conflicto.

No tendrá fuerza para nada más.

Y en muchas ocasiones vivirá internamente la resonancia de ambas partes del conflicto.

Esto desde luego es una imperdonable simplificación para explicarte que además de la desconfianza que crea la disonancia entre un mensaje verbal y uno vibratorio, este tipo de situaciones crean un gran conflicto de pertenencia que no terminará tras la muerte de sus protagonistas.

Continuará hasta que alguien le diga al excluído, con mucha resonancia, con mucho amor, con mucha apertura:

– “Tú También Perteneces”.

Fundamentalmente porque es la verdad última. Porque todos pertenecen.

Y lo tiene que decir desde su lugar adecuado.

De nada va a valer si lo dice como si hiciera un favor.

La reinclusión implica reincoportarle al lugar que le correspondía desde el principio, y que consistentemente no le fue del todo reconocido.

Como ves, para que sea respetada la Ley de Pertenencia, hacen falta más que palabras.

Otras  formas de exclusión que alteran esta Ley dentro del Sistema Familiar y que crean mucho dolor, son…

✓ los hijos no deseados (aunque luego le amas, el rechazo a la noticia, la duda sobre si le tendrás o no le llega al embrión y marca su destino…),

✓ un aborto (el niño querrá ser reconocido como hijo, sus hermanos no se sentirán en su lugar),

✓ un hijo fuera del matrimonio que ha sido ocultado por vergüenza…

una relación oculta,

✓ alguien que avergonzó a la familia y fue apartado.

✓ Un crimen…

Los sistemas familiares (sí, incluso el tuyo) están repletos de estos movimientos.

Y cada uno de nosotros somos profundamente fieles a muchos de estos ancestros en determinados momentos de la vida: la pertenencia nos importa a tal punto que llegamos a renunciar a nuestra propia felicidad, con tal de intentar reincluir o sustituir al excluido que falta.

Entonces, revisa tus ideas profundas sobre la pertenencia.

¿Te sientes excluída?

Mira bien a quien excluyes tú!

Y comienza ya mismo a reparar todo lo que puedas: las Constelaciones Familiares son la terapia más adecuada para que esté trabajo sea rápido y eficaz.

Y la reinclusión que llevamos a cabo, alivia el dolor del sistema y te libera a ti de tus fidelidades inconscientes.

Te libera y te da fuerza.

Fundamentalmente porque te hace descubrir hasta que profundidad y a que nivel de compromiso insoportable tú también perteneces.

Espero que sirva.

Que tengas un feliz presente.

 

Pilar Rodríguez-Castillos